La hipertensión es un problema frecuente en gatos de edad avanzada, algunas veces asociada a una enfermedad renal crónica. Ciertas investigaciones han sugerido que la presión sanguínea en los gatos aumenta con la edad.
En el estudio realizado por Bijasmans et al. (2015) se tenía como objetivo determinar si la presión sanguínea en gatos de edad avanzada aumenta y si esto ocurre de forma independiente de la presencia o no de una enfermedad renal crónica. Asimismo, investigue los factores de riesgo para desarrollar hipertensión. Como sujetos de estudio se consideran 265 gatos con insuficiencia renal crónica y 133 gatos sanos con edades mayores o iguales a 9 años, los que fueron identificados retrospectivamente.
Dentro del método de investigación, se formaron cuatro grupos de acuerdo a la evaluación inicial (sano o con insuficiencia renal crónica [IRC]) y la presión arterial en la última visita (normotensa [NT] o hipertensión desarrollada [HD]). Es decir, los cuatro grupos son: Sano-NT, Sano-HD, IRC-NT y IRC-HD. Se comparó la presión sanguínea sistólica [PSS] a lo largo del tiempo y entre los grupos. También se investigaron los factores de riesgo para desarrollar la hipertensión y la asociación entre las variables clínicas y biomédicas con la presión sanguínea sistólica.
Los gatos que eran hipertensos en el momento del diagnóstico de la Insuficiencia Renal Crónica (n = 105) no fueron incluidos en los análisis posteriores. Veintisiete gatos con Insuficiencia Renal Crónica y 9 gatos sanos desarrollaron hipertensión 3 meses después del diagnóstico de Insuficiencia Renal Crónica o su primera visita. La presión arterial sistólica aumentó significativamente con la edad en todos los gatos (valor-p<0.001). Los gatos sanos tienen menos riesgo que los gatos con Insuficiencia Renal Crónica de convertirse en hipertenso (tasa de riesgo 0.2, valor-p< 0.001), siendo la creatinina un factor de riesgo independiente para el desarrollo de la hipertensión.
La alta prevalencia de la hipertensión en los gatos con azotemia en este estudio muestra la importancia de la monitorización de la presión sanguínea sistólica en gatos ancianos, y en particular en gatos con IRC.